Por: Nathalia Bentz


Cada verano, como un ritual que me devuelve a mí misma, regreso a Puerto Plata.

Intento, año tras año, regalarle a mis hijos, a mi sobrino, y a algunos amigos cercanos, un vistazo a lo que fue mi vida de pueblo: disfrutamos juntos de ese tiempo más lento, más simple, y más compenetrados, aprovechándonos de ese reloj  que por arte de magia extiende sus horas para maximizar nuestra estadía.


Pascal, mi peque, celebró sus 11 años rodeado de cuatro amiguitos esta vez, se sentía feliz pues había cambiado su posibilidad de una fiesta en la ciudad, por poder llevarlos con él a experimentar  Puerto Plata.


Cómo nos manejamos?


Tenemos un campamento deportivo que ya forma parte de nuestra historia familiar, generalmente coordino nuestra estadía alrededor de sus fechas, Asi que todos fueron .al  Campamento EDEP por las mañanas; donde Sebastián y Aurora nos ofrecen "el mejor campamento" en la escala de mis hijos: Kai y Pascal:)-.


Las tardes eran mías, ahí poníamos en marcha la “agenda no tan agenda”, que nos permitió disfrutar de cuantos parques se nos presentaban en el camino, baños diarios de manguera, jugar en el parqueo con los vecinos al “topao paralisao”, hacer bizcocho, ir a la panadería a comer

"pancitos dulces", jugar cartas todas las noches, ir al cine, los "Go Karts" (Fun City), el Water Park (Ocean Village), visitar la estación de bomberos, caminar el malecón, bañarnos en la playa, entre otras tantas cosas.


Sin lugar a dudas el momento favorito fue verlos jugar libres y despreocupados en las distintas puestas del sol desde la Fortaleza San Felipe, Playa Dorada y Cabarete...que privilegio el nuestro!


La presencia de la abuela Ita, de Tita (Tia Cynthia), de mis amigas Paula y Valentina, y Yosi hicieron este viaje aun más especial para los niños y para mí.


Hoy, viendo las fotos, me conmuevo. Son más que recuerdos. Son pruebas de que ese regalo que intento dar cada año —la experiencia del pueblo — dejará su legado. Fuimos muy felices en Puerto Plata, no hay dudas de que cada verano debería iniciar ahí, y no dejo de pensar en tantas personas que quisiera que vivieran esta experiencia con nosotros.


Nos vemos pronto y ojalá sea en mi pueblo.


Con amor,


Nathalia